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República democrática del Congo: la guerra contra las mujeres

Domingo 2 de septiembre de 2007

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A continuación publicamos extractos de un testimonio abrumador sobre el sufrimiento de las mujeres, las principales victimas de la guerra civil en el que está inmerso el país del presidente Joseph Kabila (una guerra apoyada por las potencias occidentales).

Rico en materias primas (cobre, cobalto, tungsteno, cadmio, diamantes), el Congo Kinshasa forma parte del África útil. Sometido al pillaje y a la corrupción, el país es, además, objetivo de los apetitos regionales de Uganda, Ruanda y Angola. En todos estos conflictos, las multinacionales y los tutores occidentales (en primera línea la Unión Europea y los Estados Unidos) juegan un papel omnipresente. Son la verdadera cara oculta de la mundialización.

Eve Ensier, la cual ha redactado esta nota para el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, es feminista y escritora. Es además autora de la obra mundialmente conocida “Monólogos de la vagina”.


per Ensler Eve Publicado en el diario suizo Solidarités nº111 (11/07/2007), p.11. Traducción al francés de Julie Duchatel. El texto original completo y en inglés se puede solicitar en la redacción.

Vuelvo del infierno. Busco desesperadamente la forma en la que os podría comunicar lo que he visto y escuchado en la Republica Democrática del Congo. Busco la forma de cómo contaros las historias y las atrocidades y, a la vez, evitar que quedéis abatidos, choqueados o perturbados mentalmente. Busco la forma de transmitiros mi testimonio sin gritar, sin inmolarme o sin buscar una AK47. No soy la primera que denuncia las violaciones, las mutilaciones y las desfiguraciones de las mujeres en el Congo. Desde el año 2000 existen informes al respecto. No soy la primera que cuenta estas historias pero, como escritora y militante en contra de la violencia sexual hacia las mujeres, vivo en el mundo de la violación. Me he pasado diez años escuchando las historias de mujeres violadas, torturadas, quemadas y mutiladas en Bosnia, en Kosovo, en Estados Unidos, en Ciudad Juárez (México), en Kenya, en Pakistán, en Haití, en Filipinas, en Irak y en Afganistán. Y si bien considero que es peligroso comparar atrocidades y sufrimientos, nada de lo que había escuchado hasta ese minuto era tan horrible y terrorífico como la destrucción de la especie femenina en el Congo.

La situación no es otra cosa que un femicidio y tenemos que reconocerla y analizarla como tal. Es un estado de emergencia. Las mujeres son violadas y asesinadas en todo momento. Los crímenes contra el cuerpo de la mujer son suficientemente horribles por ellos mismos. No obstante hay que añadir lo siguiente: a causa de una superstición que dice que si un hombre viola a mujeres muy jóvenes o muy ancianas este obtendría poderes especiales, niñas de menos de doce años y mujeres de más de ochenta están siendo victimas de violaciones. También hay que añadir las violaciones de mujeres delante de sus maridos e hijos. Pero la mayor crueldad es la siguiente: soldados seropositivos organizan comandos en los pueblos para violar mujeres, mutilarlas… Se han informado centenares de casos de fístulas en la vagina y en el recto a causa de la introducción de palos, armas o violaciones colectivas. Estas mujeres ya no pueden controlar su orina o sus defecaciones. Después de ser violadas, las mujeres son también abandonadas por su familia y su comunidad.

Pero el crimen más terrible es la pasividad de la comunidad internacional, de las instituciones gubernamentales, de los medios de comunicación…la indiferencia total del mundo delante de tal exterminio.

Pasé dos semanas en Bukavu y Goma entrevistando a las sobrevivientes. Algunas de ellas venían de Bunia.

Efectué al menos ocho horas de entrevistas por día. Compartí con estas mujeres almuerzos y sesiones de terapia. Lloré con ellas. El nivel de atrocidades supera la imaginación. En ninguna parte había visto este tipo de violencia, de tortura sexual, de crueldad y de barbarie. Un clima de violencia existe en la zona este del Congo. Allí las violaciones se han convertido, tal y como me lo dijo una sobreviviente, en “deporte nacional”. Las mujeres son menos que ciudadanas de segunda. Los animales son mejor tratados. Pareciera ser que cada tropa esta implicada en las violaciones: las FDLR, las Interahamw, la armada congolesa e incluso las fuerzas de paz de la ONU [1]. La falta de prevención, de protección y la ausencia de sanciones son alarmantes.

Pasé una semana en el Hospital de Panzi, viviendo en un pueblo de mujeres violadas y torturadas. Era como una escena de una película de terror futurista. Escuché historias de mujeres que vieron como sus hijos eran brutalmente y cínicamente asesinados delante de ellas. Mujeres que fueron forzadas, bajo la amenaza de las armas, a ingerir excrementos, beber orina o comer bebes muertos. Mujeres que fueron testigos de la mutilación de los genitales de sus maridos o violadas durante semanas por grupos de hombres. Estas mujeres hacían cola para contarme sus historias. Los traumas eran enormes y el sufrimiento extremadamente profundo. […]

Las mujeres sufren enormemente. Están debilitadas por las violaciones, las torturas y la brutalidad. Prácticamente no hay apoyo para ellas. Después de vivir estas atrocidades son incapaces de trabajar en los campos o de transportar cosas pesadas, por tanto dejan de tener ingresos. Vi llegar al menos a doce mujeres por día a ese pueblo. Llegaban cojeando y apoyándose en bastones hechos a mano. Varias mujeres me contaron que “los bosques olían a muerte” y que “no se podía caminar ni cinco pasos sin tropezar con un cuerpo”. Durante la semana que pasé en Panzi, el gobierno cortó el agua por tanto el hospital, donde habían centenares de mujeres heridas, quedó sin agua. El mismo hospital por el cual las mujeres caminaban más de sesenta kilómetros ya que no había nada más cerca. El mismo hospital dónde no había nada que comer (dos niños murieron de malnutrición en un día). […]

Y mientras que nosotros estamos aquí, realizando nuestro informe, hay mujeres que están siendo violadas, niñas que están siendo destrozadas para siempre, mujeres que están siendo testigos del asesinato (a golpe de machete) de sus familias y otras que están siendo infectadas por el virus del SIDA.

¿Dónde está nuestra indignación?

¿Dónde está la conciencia de la gente?

Notas

[1Las FDLR (Fuerzas democráticas de liberación de Ruanda) agrupan soldados hutus del antiguo régimen ruandés de Juvenal Habyarimana y a milicianos Interahamwe del mismo origen. Las fuerzas de paz de la ONU, la Monuc, están compuestas de 16000 militares. Los países europeos juegan un papel importante.


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