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Francia: Hacia la formación de un Nuevo Partido Anticapitalista

Jueves 20 de noviembre de 2008

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Por Pierre Rousset [1] [2]

El impacto político del proceso del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) es muy importante. En diversos lugares, este nuevo partido político en formación está de hecho sustituyendo a la LCR y muestra una enorme actividad.

En junio de 2007, la Liga Comunista Revolucionaria francesa (Ligue Communiste Révolutionnaire o LCR) realizó un llamamiento para la constitución de un Nuevo Partido Anticapitalista (Nouveau Parti Anticapitaliste o NPA). Un año después, en junio de 2008, un millar de delegados se reunieron en París para dar una dimensión nacional al proceso que se iniciaba desde abajo. A principios de noviembre de 2008, delegados representando 400 comités se reunieron para discutir tres documentos: las referencias programáticas, la orientación política y los estatutos del NPA. Así, aproximadamente 10,000 activistas están actualmente participando en el proceso de fundación del NPA, una cifra tres veces superior a la militancia de la LCR.

El 6 de noviembre de 2008 se celebró el primer acto público en París, reuniendo a más de 2000 personas. Si todo sigue como está planeado, el 29 de enero de 2009, la LCR en su último congreso decidirá su propia disolución. Los siguientes días, el 30 de enero y 1 de febrero de 2009, el NPA se constituirá en su primer congreso. Por el momento, todo va bien, más aún lo más llamativo es lo rápido que el conjunto del proceso ha transcurrido. Obviamente respondía a una necesidad política, la cual se hacía sentir desde hace tiempo. Pero en los últimos diez años en Francia, los anteriores intentos para construir un partido amplio anticapitalista fracasaron. Para superarlos, la LCR decidió algo nuevo, tan nuevo que en realidad nunca lo había previsto. ¿Qué resulta entonces “nuevo” en el proceso de formación del NPA?

Después de que todos los escenarios fallaran…

Debido al papel fundamental jugado por la LCR en el lanzamiento del NPA, puede ser útil ver retrospectivamente como esta organización previó en el pasado la construcción de un partido revolucionario con una base de masas. Hablo desde la experiencia de una generación que “se desvanece”, la de mayo de 1968, que ya no está “al mando” de la LCR o del NPA, pero cuyo legado histórico debe ser tenido en cuenta precisamente para analizar que hay de “nuevo”. Explicaré nuestras “visiones de futuro” de una forma breve, simplificada y esquemática.

Mi generación creó nuevas organizaciones, dinámicas y radicales, en la década de 1960, pero en Francia, permanecimos muy reducidos. A finales de los 60 y principios de los 70, pensábamos que no había otra opción porque las confrontaciones decisivas entre las clases estaban al llegar, el nuevo partido revolucionario debía construirse rápidamente, al calor de la crisis, por medio de un intenso activismo. A mediados de los 70, admitimos que el ritmo histórico sería más lento de lo que esperábamos y que los partidos revolucionarios de masas debían construirse a largo plazo. La LCR nunca pensó que este partido se constituiría simplemente a partir de su crecimiento cuantitativo, sino que debería ser el producto de un proceso de recomposición o reestructuración de la izquierda y del movimiento obrero. Preveíamos tres escenarios:

1) Primer escenario, la radicalización de sectores o corrientes de los partidos de clase existentes (PS y PC). Podemos decir que este esquema tomó forma en Italia a través de la creación del Partido Refundación Comunista (PRC), cuando el viejo PCI se pasó a la socialdemocracia. Sin embargo, no fue el caso de Francia. La principal fisura en el PS, que quedó agrupada en torno a Jean-Pierre Chevènement, se constituyó como “nacionalista de izquierdas” para después entrar en declive y finalmente sumirse en la irrelevancia. Por su parte, la larga crisis del PCF nunca dio lugar a nada que se asemejara a lo que ocurrió en Italia. Nuestra “vieja izquierda” se demostró incapaz de rejuvenecer, siquiera en parte.

2) Segunda escenario: el lanzamiento de un nuevo partido obrero radicalizado por parte de los sindicatos y con la participación de los grupos revolucionarios existentes. Éste sería el “esquema brasileño” – que dio lugar a la formación del PT- y más recientemente, el proceso en Corea del Sur, en donde el sindicato KCTU ha apoyado la creación del Partido Laborista Democrático (DLP). Sin embargo, en ambos casos el movimiento sindical era relativamente “joven”, produciéndose un proceso de reorganización tras una dictadura militar. En Francia, los principales sindicatos (CGT, CFDT y FO) no muestran tal dinamismo.

3) Tercer escenario: dos o tres grupos políticos significativos se unen para formar un nuevo partido. Esto fue lo que ocurrió en Portugal (Bloque de Izquierdas) y en Dinamarca (Alianza Rojo-Verde). Resulta el más sencillo y “creíble” de los escenarios, pero no obstante, no funcionó en Francia. A diferencia de la LCR, las otras dos principales organizaciones de la extrema izquierda que provienen de la radicalización de los 60 nunca han estado interesadas en unir distintas fuerzas radicales en torno a un proyecto político común (al contrario que en Portugal, por ejemplo).

No obstante, una nueva situación política se abrió a partir de la victoria en 2005 del “no” en el referéndum al borrador (neoliberal y militarista) de la Constitución europea. A partir de este proceso se expresó una fuerte aspiración hacia la unidad política de la “izquierda de la izquierda”, pero tras dos años de intensa negociación entre una variedad de corrientes que iban desde el PCF hasta la LCR, también fracasó.
Este último intento terminó en una amarga y violenta polémica entre las partes que participaron de este proceso de dos años, centrándose en torno a quien tenía la responsabilidad por el fracaso final. Pero en vez de buscar culpables, es mejor reflexionar sobre por qué los tres escenarios arriba expuestos fracasaron a pesar de décadas de sucesivos intentos. Una vez más, de una forma un tanto esquemática, intentaré exponer los siguientes factores:

El “viejo” movimiento obrero a nivel político y sindical se ha mostrado incapaz de rejuvenecer a la izquierda radical. Las raíces sociales del PS han cambiado y su orientación “socio-liberal” expresa la profundidad de su integración en la sociedad burguesa. El PC nunca ha entendido del todo la cuestión de su pasado estalinista y ahora se encuentra electoral e institucionalmente rehén del PS: lleva años en crisis – y desafortunadamente es una “crisis sin dinamismo”… Las tres principales confederaciones sindicales (CGT, CFDT y FO) están demasiado burocratizadas. Ello no quiere decir que individuos (sin duda muchos) o comités locales del “viejo” movimiento obrero no están o no estarán participando en el NPA o de otro partido de izquierdas radical – en realidad, ¡un número muy importante de hecho están! Significa en cambio, que al contrario de lo que esperábamos en los 70 y 80, no será suficiente con recomponer (o reestructurar) el movimiento obrero tradicional, sino que debe ser remoldeado en un sentido más amplio – ¡algo que sin duda es mucho más complejo!

La “nueva” central sindical (Solidaires) y los movimientos sociales tienen una mayor potencialidad en cuanto a la radicalización. Muchos de sus activistas están reaccionando positivamente al llamamiento hacia el NPA. Algunos de sus dirigentes participaron en los intentos, entre 2005-2007, de conformar la unidad política de la “izquierda de la izquierda”. Pero las relaciones entre los movimientos sociales y los partidos políticos permanece siendo en Francia una cuestión muy incómoda. La independencia de los sindicatos y de las organizaciones de masas sigue siendo una cuestión muy sensible – ¡principalmente por buenas razones a partir de las experiencias pasadas! Partidos radicales como el NPA deben mostrar de una forma consistente su utilidad y disposición para mantener buenas relaciones con las organizaciones de masas para una nueva dinámica en el futuro.

Resulta difícil describir de que está compuesta la “izquierda de la izquierda” en Francia dado que pocos de sus componentes están bien delimitados. El PCF es sin duda la parte más grande, pero permanece en una crisis muy profunda. La LCR es con diferencia la mayor organización de la extrema izquierda que participa del proceso de unificación. A ello se suman pequeñas organizaciones políticas, redes informales, equipos locales, activistas individuales y “personalidades”… formando en conjunto una mezcla más amplia que la simple coalición de partidos. Existen muchas razones para explicar porque los intentos de 2005-2006 de construir una unidad en torno a una candidatura electoral común terminó fragmentándose. Pero debemos resaltar una cuestión política de primer orden en esta situación; la relación con el Partido Socialista, las alianzas electorales y la participación gubernamental.

Esta resulta una cuestión clave en muchos países en donde coaliciones electorales y la participación gubernamental han sido o será una cuestión clave para la izquierda radical: Brasil, Bengala Occidental, Italia, Alemania, Portugal, Holanda…En Francia, el sistema electoral es tremendamente antidemocrático: para tener alguna posibilidad de ser elegido al parlamento uno necesita el apoyo del PS (en la izquierda) – algo que no conceden gratis. Debilitado, el PC necesita cada vez más negociar un acuerdo con el PS para mantener su posición electoral, por lo que aquellos que quieran aliarse con el PC deben aceptarlo. Pero para la LCR (y otros), la tarea actual es la de fortalecer la izquierda radical como un polo capaz de representar una alternativa a la izquierda del social-liberalismo – algo que implica la total independencia con respecto al PS. Esto ha sido y permanece siendo una de las principales líneas políticas de demarcación.

A finales de 2006, la LCR parecía muy aislada dentro de la “izquierda de la izquierda”. A principios de 2007, de cara a las elecciones presidenciales, Marie-George Buffet se presentó por el PCF, Olivier Besancenot por la LCR y José Bové por otros componentes de la “izquierda de la izquierda”. La campaña de Besancenot políticamente fue muy dinámica, obteniendo un 4% de los votos. La campaña de Buffet no mostró tal dinamismo, obteniendo menos de un 2% (¡una cifra extremadamente baja para el PCF!). La campaña de Bové fue políticamente confusa y tuvo un escaso impacto. A pesar de su notoriedad, apenas consiguió más de un 1%.

Tras dos años de intensos debates en torno a la orientación, los resultados de las elecciones presidenciales resultó una prueba decisiva para la “izquierda de la izquierda”, dando nuevas responsabilidades a la LCR.

Las nuevas responsabilidades de la LCR

A partir del éxito de la iniciativa política y la campaña electoral, la LCR se encontró en el epicentro de la “izquierda de la izquierda”. La cuestión se centraba en que hacer a partir de este éxito. La LCR tenía la responsabilidad de tomar la iniciativa rápidamente, para no perder el momento (como había pasado en otras ocasiones).
A mediados de 2007, incluso después de la prueba política que supusieron las elecciones, no había posibilidad de alcanzar un acuerdo con otras organizaciones significativas para lanzar un nuevo partido anticapitalista. Con ningún acuerdo de “arriba a abajo” que fuera posible, la LCR decidió impulso un proceso de “abajo a arriba” – algo que nunca había previsto. Cualquiera que estuviese dispuesto a participar en la creación de un nuevo partido anticapitalista claramente independiente del PS fue invitado a unirse a los comités locales por el NPA. Finalmente, la red de comités constituiría las bases del nuevo partido.

Parecía claro que se abría un espacio político para un partido radical cualitativamente más amplio que la LCR, algo que en parte se expresaba por la extraordinaria popularidad de Olivier Besancenot. Olivier es un muy buen candidato y orador, y ello no sólo se reduce a ser un “fenómeno mediático”. Al ser un cartero no es visto como un político profesional, sino simplemente como un co-trabajador (“uno de los nuestros”), a lo que se añade su juventud, por lo que los jóvenes se identifican con él. Por último, y no menos importante, políticamente es muy consistente: cuando a sus 27 años se presentó por primera vez a la campaña presidencial de 2002, empezó ya en los debates televisados a “machacar” a los políticos profesionales y miembros del gobierno. ¡La gente le adora!

Una razón, que a menudo se pasa por alto, y de porque la LCR ha sido capaz de tomar la iniciativa de lanzar el NPA, es el hecho de que su dirección se ha renovado. Actualmente, todas las figuras históricas de la LCR han abandonado el politburó, y aunque permanecen activos, han sido sustituidos en la dirección nacional por cuadros que se sitúan en sus 30 o 40 años. Éste no es el caso en la mayoría de las organizaciones, pero sin duda es un hecho de enorme importancia debido al cambio radical entre generaciones políticas que ha ocurrido desde los 90.

Por una parte, la LCR renovada en su militancia y red de cuadros. Por otra, la LCR permanece como una organización vinculada a sus orígenes – la experiencia de los 60 y 70. Ambos elementos pueden y deben impulsar la creación de un nuevo partido basado en la generación actual.

El NPA como un nuevo partido

El objetivo de la LCR no es el de construir un partido más grande y fuerte, sino el de ayudar a crear uno de carácter nuevo. Ha habido un cambio radical en la época a partir de la desintegración de la URSS y la globalización capitalista, unido a un cambio radical entre generaciones: los actuales activistas no tienen las mismas referencias ni el trasfondo de experiencias históricas que la generación de 1968. La combinación de estos dos cambios radicales (época y generación) tiene profundas consecuencias en la forma en que se vive la política.

Sin duda, es importante mantener viva la experiencia política de las décadas pasadas, las diferentes lecciones del siglo pasado (imperialismo, estalinismo…). ¿Cómo construir sin perder nuestro pasado? La respuesta reside en pasar el legado de la LCR al nuevo partido, trayendo al nuevo partido lo mejor de las tradiciones revolucionarios del siglo pasado – de diversas tradiciones marxistas y libertarias, desde los movimientos feministas hasta el ecosocialismo, etc. Pero también dando al nuevo partido la base social de nuestros cuadros formados, a la vez que se amplia su implantación social por medio de las recientes experiencias, como la del movimiento de Justicia Global y la oleada de resistencias en los suburbios populares, entre inmigrantes, etc. Ante todo permitiendo al nuevo partido dirigirse en el lenguaje político de la presente generación.

El deseo de construir con otros una amplio partido anticapitalista no es nuevo en la LCR, sino su objetivo desde hace varias décadas. Lo que es nuevo es la decisión de impulsar un proceso de “abajo a arriba”, y más importante, de integrar plenamente el cambio de época y generación en la visión del nuevo partido.

Desafortunadamente, la LCR es actualmente el único “gran” (todo es relativo) componente de la “izquierda de la izquierda” implicada en el proceso del NPA. Los otros grupos políticos implicados son mucho más pequeños, hecho que llevaría al peligro de que la LCR permaneciera como “el partido dentro del partido” después de la fundación del NPA. Para evitarlo, se han tomado decisiones drásticas. Por una parte, los miembros de la LCR normalmente son la minoría en los órganos dirigentes que de hecho existen en el NPA. Por otra parte, la LCR se disolverá el día anterior al congreso fundacional del NPA, y así éste se convertirá en un crisol político y social que tomará su propia identidad. Actualmente resulta fácil llegar a acuerdos políticos dentro del proceso hacia el NPA y no hay nada tan divisivo como “la naturaleza de la URSS”, por poner un ejemplo, para la “izquierda de la izquierda” en los 70. Permanecen cuestiones estratégicas con pocas respuestas concretas (¿Cómo desarmar a la burguesía?) El NPA deberá consolidar su base programática por medio de su propia experiencia. Llevará tiempo, el camino está abierto.

Por supuesto, la decisión de disolver la LCR es arriesgada, pero sería aún más arriesgado el no tomar el riesgo. Debemos tomar la oportunidad actual, perderla sería demasiado costoso para el conjunto de la “izquierda de la izquierda”. El NPA no debe ser visto – ni debe ser- una “LCR ampliada”, sino un partido cualitativamente nuevo.

El proceso está bien dirigido. Miles de personas que nunca han sido militantes de un partido, simples activistas de base, y militantes que vienen del PC u otras organizaciones están participando y uniéndose. Si el lanzamiento del NPA a finales de enero de 2009 es un éxito, alguno de los componentes políticos que por el momento no están dispuestos a unirse a la LCR pueden cambiar de opinión.

Mejor será esperar a finales de enero de 2009 y al congreso fundacional del NPA para evaluar el camino que hemos desarrollado, y el que nos espera.

Notas

[1Pierre Rousset es miembro de la LCR y de Europa Solidaria Sin Fronteras (ESSF) en Francia.

[2Traducción de Miguel Artola para Corriente Alterna.


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