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Un món globalitzat, desigual i exclusivista:

La vigència dels feminismes

dijous 4 de març de 2004

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A inicios del siglo XIX Charles Fourier, el mas utópico de los socialistas utópicos, al rechazar de pleno el liberalismo laissez-faire, por pretender legitimar el progreso económico y social pero provocar la creciente pobreza y desprotección de la clase trabajadora durante la revolución industrial, ya señalaba que “la condición de las mujeres es la mejor señal del estado de una sociedad!” El mundo ha cambiado mucho desde esos albores de la sociedad liberal burguesa occidental. En los tiempos actuales de globalización en que los intereses y poderes económicos se rigen por políticas económicas neoliberales feroces aunque contradictorias, la perspicaz advertencia de Fourier no ha perdido vigencia.


Verena Stolcke

A lo largo de los últimos dos siglos el movimiento obrero conquistó toda una serie de derechos políticos y sociales –el derecho de organización y representación sindicales, la reducción de la jornada de trabajo, el derecho a la educación y la sanidad públicas, etc. El movimiento feminista, en su primera etapa, logró el reconocimiento de las mujeres como ciudadanas de pleno derecho cuando conquistó primero el sufragio universal y luego la nacionalidad independiente así como el derecho formal a la incorporación al mercado de trabajo en condiciones iguales a los hombres. Pero mismo así, el feminismo tampoco ha perdido actualidad pues la teoría en la práctica es otra. No hace falta mucha perspicacia para percibir que, a pesar de los innegables éxitos de nuestra lucha por nuestro reconocimiento en igualdad en tanto que mujeres en la sociedad, persisten múltiples situaciones de opresión y violencia, de explotación y de discriminación y acaso incluso se han agravado para la mayoría de las mujeres a nivel global.

No debe sorprender, por lo tanto, que el movimiento feminista de la segunda ola ha probado ser el que ha demostrado la mayor continuidad en el combate de esas viejas y nuevas desigualdades, entre todos los movimientos sociales emancipadores de posguerra. Resulta mucho mas difícil, en cambio, definir qué es el feminismo hoy. A lo largo de ese medio siglo se han desarrollado una diversidad de feminismos que habitan ámbitos socio-políticos, académicos e intelectuales diferentes. Las situaciones sociales y políticos específicas de cada momento y de cada contexto han dotado al movimiento feminista de sus objetivos y estrategias políticos en una dialéctica dinámica entre esperanzas, avances y desalientos. Hemos luchado contra los dogmas de las iglesias, las reacciones de la derecha política, por nuestra liberación sexual, por la igualdad de derechos y de oportunidades con los hombres, contra la norma heterosexual, contra la violencia en el hogar y en la calle, contra la guerra y por la paz, en fin, por ver reconocidas y respetadas en nuestras múltiples experiencias en tanto que seres humanos de igual dignidad.

Gracias a nuestra diversidad y flexibilidad y a nuestro pragmatismo, en contraste con los partidos políticos tradicionales, por lo general atrapados en sus dogmas inamovibles, el movimiento feminista ha sabido adecuarse a nuevos retos y circunstancias. Hemos dado grandes pasos en nuestro aprendizaje de cómo respetar y dialogar desde nuestras diferencias. Hemos forjado amplísimas redes de diálogo y acción entre mujeres de todo el mundo que nos permiten brindarnos apoyos unas a las otras para enfrentar las nuevas y diversas situaciones de injusticia y violencia. Hemos desarrollado pactos puntuales con otros movimientos sociales que han sido eficaces mientras no hemos perdido de vista nuestras convicciones feministas. Y nuestras persistentes campañas y denuncias han logrado suscitar una cierta sensibilidad en el seno de la sociedad para nuestras demandas feministas, aunque nos encontremos aún lejos de una sociedad consecuentemente no sexista.

Tal vez lo mas importante que por encima de la diversidad de nuestras experiencias, procedencias, visiones de mundo y aspiraciones, compartimos todas es la lucha por el poder decir y hacer! Pero nota bene, no me refiero al Poder con mayúscula en el sentido masculino convencional del dominio que uno ejerce sobre otro/a. No! Me refiero muy por el contrario al poder en tanto que capacidad y derecho a poder hacer, en la cama, en la casa, en el mundo profesional, en la política, a tot arreu! Coincidimos todas en que para ello es imprescindible que seamos reconocidas por y en la sociedad en tanto que sujetas de nuestros propios y diversos deseos y necesidades.

En 1929 Virginia Woolf escribía en ese nuestro libro de cabecera Una habitación propia, que tanto nos inspiró en nuestro afán por reconocer y reclamar espacios propios para pensar y para hacer:

El término feminismo no se refiere a las mujeres como objetos de amor y odio, ni siquiera como objetos de injusticia social, sino que desarrolla la perspectiva que las mujeres aportan como SUJETAS, una perspectiva cuya existencia ha sido ignorada hasta ahora”.

Las palabras de Virginia Woolf son hoy incluso mas actuales. En los foros políticos y económicos nacionales e internacionales apenas estamos representadas. Con ello no quiero decir que el mero hecho de la presencia política de mujeres en esos foros nos garantice que nuestros reclamos contra las múltiples injusticias sean reconocidos y defendidos. Por el contrario, mientras que no se nos deje hacer oír nuestras voces como sujetas y ciudadanas, los hombres continuarán tomando las grandes decisiones en nombre de toda la especie humana.

Hasta aquí he retratado con algunas pinceladas muy gruesas nuestros anhelos y nuestras luchas feministas. A seguir me referiré a nuestras reivindicaciones de cara a esa vieja nueva Europa Unida en un mundo cada vez mas globalizado y desigual. Es preciso que nos interroguemos acerca de cómo realidades y desigualdades socio-políticas globales coartan nuestra lucha por la justicia y por derechos iguales. Los derechos sociales y políticos ciudadanos se consagran en las leyes. ¿Pero, cuál es la relación entre nuevas demandas sociales, de derechos y la ley? Resulta instructivo a este respecto hacer un poco de memoria. Suele pensarse que la ley recoge nuevos derechos que emergen de transformaciones sociales que les preceden. ¿Pero cuál es la eficacia de leyes bien intencionadas cuando el des-orden social, económico y político en el mundo les resulta cada vez mas adverso?

La Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948 con sus principios modestamente liberales, pretendía inaugurar un mundo en paz y justicia para siempre mas para todos los seres humanos. A parte de las reticencias políticas que en tiempos recientes ha provocado su origen occidental, por ejemplo, en países de Asia, esta declaración de principios resulta hoy absolutamente utópica. En su articulo 1 esta constitución universal proclamaba:

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente (sic) los unos con los otros.”

Y el artículo 2 declaraba:

“Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamadas en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social...”

No obstante, la Declaración consagró también, en su artículo 3, la familia como elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado con todas las consecuencias que esta célula mater de la sociedad ha tenido y tiene para la libertad de las mujeres de realizar nuestros deseos y diseñar nuestras formas de convivencia en libertad de acuerdo a nuestros deseos.

Las intenciones liberales, aunque paradójicas de los legisladores fueron loables. Pero las circunstancias sociales, económicas y políticas reales resultaron ser bien otras al ser contrarias incluso a una ética liberal. A partir de los años setenta, a mas tardar, cuando la crisis del petróleo dio al traste con las ilusiones de un crecimiento económico sostenido de posguerra, acompañado de una cierta redistribución económica, el giro económico progresivamente mas neoliberal provocó un aumento de las desigualdades internacionales y nacionales con graves consecuencias para la mayoría de los países pobres y en especial para sus mujeres. Según cifras recientes, 35 seres humanos mueren de hambre en el mundo cada día y 840 millones de personas sufren hoy de desnutrición crónica. Si añadimos a estas cifras el hecho de que dos de cada tres mujeres son pobres, resulta que la mayoría de esas muertas de hambre y víctimas de desnutrición crónica son mujeres.

En qué consiste el neoliberalismo económico y cómo nos afecta en especial a las mujeres? Se trata de una política desencarnada de búsqueda del lucro por parte de las empresas transnacionales y los capitales financieros en intensa competencia cuyas principales víctimas son los países del antaño llamado Tercer Mundo, y en éste de las mujeres, precisamente porque se trata de una política de expolio económico global. En efecto, la mitad de las personas en el planeta trabajan en la agricultura, en condiciones cada vez mas precarias o por cuenta ajena, y mas de la mitad de éstas personas son mujeres. Como alguien señalaba hace poco, las mujeres son el principal recurso natural del Tercer Mundo.

Las políticas de reajuste económico, es decir, las políticas de privatización, austeridad presupuestaria y de liberalización del comercio dictadas a los países dependientes por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial que condicionan el creciente endeudamiento de estos países, han tenido un inconfundible rostro de mujer. El eufemísticamente llamado “programa de reajuste con rostro humano” diseñado por UNICEF en 1989 con la pretensión de combatir el aumento de la pobreza de las mujeres provocado por el endeudamiento de sus países, por ejemplo, estaba inspirado por una ideología sexista fundamentalmente explotadora de las mujeres, y en especial de las mujeres pobres. UNICEF recomendaba en este programa tres “estrategias de supervivencia” para las familias de bajos ingresos en los países pobres que merecían ser apoyadas para hacer frente a las consecuencias del creciente desempleo masculino:

- las mujeres debían incorporarse al sector informal de la economía (es decir, a trabajos carentes de protección laboral, auto-empleo y subcontratación a pequeña escala)

- las mujeres debían dedicarse a los cultivos de subsistencia y a la auto-construcción de viviendas para sus familias

- las mujeres debían organizarse en clubes de madres y comedores populares para reducir el coste de la comida y liberarlas para trabajos remunerados.

El “programa de reajuste con rostro humano” de UNICEF es sólo uno los tantos ejemplos de los efectos perversos de la globalización en clave neo-liberal en especial para las mujeres. Como me dijo una trabajadora agrícola de Sao Paulo, Brasil, hace unos años, “las mujeres siempre somos útiles, en el trabajo fuero y dentro del hogar”. La globalización al incrementar la pobreza en los países del sur ha aumentado las cargas impuestas a sus mujeres. Muchos hombres, tanto en los países ricos como en los pobres, no se percatan de la doble o triple carga que llevan las mujeres.

Las maneras que han desarrollado las mujeres para hacer frente a la pobreza varían según las regiones del planeta. Pero lo que tienen en común todas esas mujeres es el papel que suelen desempeñar como amortiguadoras de la pobreza gracias a su enorme flexibilidad ante las adversidades, que muchas veces es invisible y no reconocido salvo por las agencias internacionales. Los economistas que se tienen por progresistas obvian la importante contribución que hacen las mujeres en sus trabajos domésticos y de cuidados al PIB. Las organizaciones internacionales cuando diseñan sus llamadas “políticas de desarrollo” tienen, en cambio, muy claras las ventajas comparativas de apostar e invertir en las mujeres.

Es insuficiente, no obstante, desmitificar el carácter explotador de esas llamadas políticas de desarrollo que explotan las “estrategias de supervivencia” de las mujeres. Transformaciones económicas no ocurren en un vacío ideológico y cultural sino que están atravesadas por jerarquías e ideologías sexistas, que los poderosos intereses económicos aprovechan en beneficio propio. Un ejemplo es el traslado de las plantas de montaje de países centrales a zonas de bajos salarios donde se producen productos de consumo para los países ricos en especial por mujeres y niños.

La Unión Europea tiene mucho que ver históricamente pero también el la actualidad con el empobrecimiento en la mayor parte del mundo. Esto debería haber quedado patente en ocasión del tan lamentado “fracaso” de la reciente cumbre de la Organización Mundial del Comercio en Cancún. En flagrante contradicción con sus profesiones neoliberales, los EEUU y la UE, los dos grandes bloques económicos, se negaron a rebajar los subsidios que conceden a sus propios agricultores que les impiden a los países del Sur colocar sus productos agrarios en los mercados de los países ricos, en detrimento especial de los esfuerzos que hacen en especial sus mujeres por alimentar a sus familias.

No cabe duda de que este nuestro mundo tan desigual está más interrelacionado que nunca en su historia. Pero como mujeres y feministas no deberíamos limitarnos tan sólo a posicionarnos de modo crítico y activo ante las patentes deficiencias y los recortes de los derechos sociales y la democracia en la emergente Unión Europea. Debemos tener muy presente al mismo tiempo la “mala suerte” que tienen la mayor parte de las mujeres que viven y trabajan mas allá de nuestras nuevas e impermeables fronteras europeas. El horizonte de nuestras luchas por nuestra igualdad de derechos, por la libre circulación de las personas, por el reconocimiento de todas las mujeres y hombres como ciudadan@s libres e iguales, por una sexualidad libre, múltiple y placentera de todos los seres humanos, debe ser nuestro planeta. Hoy por hoy un proyecto de esta magnitud es utópico pero tiene la virtud de hacernos pensar mas allá de nuestras nuevas fronteras europeas. Como bien señalaba Eduardo Galeano al preguntarse para qué sirve la utopía?: “para eso sirve: para caminar.”

Publicat al nº4 de Revolta Global (març 2004)


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