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El cambio climático: ¿el reto más grande de la humanidad?

Domingo 1ro de octubre de 2006

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Sea o no “el más grande”, es indudablemente uno de los problemas más importantes y, al mismo tiempo, por sus raíces tan profundas y su enorme alcance, más difíciles de abordar. ¿Cómo combinar la búsqueda de soluciones prácticas y políticas a corto y largo plazo? ¿Cuáles son las demandas centrales? Con tal de fomentar el debate, ofrecemos aquí un documento discutido, pero no votado, en el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.


La crisis ecológica ―y en particular el cambio climático― es el reto más grande al que se enfrenta la humanidad, pero la respuesta de los gobiernos y las empresas ha sido lamentablemente inadecuada. Semana tras semana, tenemos pruebas de la gravedad de la situación. La temporada de huracanes del año pasado fue un recordatorio más de que el cambio climático (o, más precisamente, la desestabilización del sistema climático mundial) se está produciendo más rápido de lo que señalan la mayoría de las predicciones. La década pasada fue la más calurosa jamás registrada, y el año pasado se batieron todas las marcas de temperatura. Todo eso está teniendo un impacto devastador sobre las comunidades de todo el mundo, en forma de inundaciones, sequías y otros fenómenos climáticos extremos.

El derretimiento de los casquetes polares conducirá a un aumento del nivel del mar y borrará del mapa a los países de poca altitud y las comunidades costeras. Las naciones conformadas por atolones se enfrentan ya a eso, y los glaciares de montaña de todo el mundo se están fundiendo. Según el estudio más reciente, las previsiones en lo concerniente al ritmo del deshielo de Groenlandia se han reducido de 1.000 años a solo entre 100 y 300, cosa que haría que el nivel del mar subiese hasta siete metros.

La desertización se está extendiendo y se destruye una cantidad creciente de tierras de cultivo. El agua es cada vez más escasa y se convertirá en la causa de conflictos cada vez más numerosos. Millones de personas se verán obligadas a abandonar el lugar donde viven y convertirse en “emigrantes del cambio climático”, en busca de refugio en otros países. El ritmo de estos acontecimientos se está acelerando progresivamente, y seguirán produciéndose a menos que se lleven a cabo acciones internacionales efectivas. Además, quienes pagarán el precio más alto serán los pobres y desposeídos del mundo.

Una reducción drástica de las emisiones

La única solución posible a este problema es una reducción drástica de los gases de efecto invernadero, en especial del bióxido de carbono. La mayoría de los estudios indican que, para revertir los daños que estamos infligiendo al planeta, sería necesario reducir en al menos un 60% las actuales emisiones de bióxido de carbono antes del año 2050. Aunque las energías renovables pueden desempeñar un papel importante en todo eso, por si solas no son suficientes para cumplir los objetivos: es ineludible una fuerte reducción del uso de energías fósiles, e incluso en este supuesto serían necesarios cien años para que el sistema climático se estabilizara de nuevo. Nuestra tarea consiste en garantizar esta reducción de la utilización de energías fósiles y que no sean los pobres los que soporten la carga de esta crisis.

Pero hacer frente a la crisis también implicará cambios radicales de estilo de vida, y las personas individuales tenemos un papel importante que jugar en eso. El uso del coche, tal como se ha desarrollado en los últimos cien años en una sociedad individualista, es completamente insostenible, así como también lo es el incremento de los viajes en avión al ritmo que lo están haciendo hoy en día. Mientras la gasolina de aviación continúe libre de impuestos, un hecho excepcional, la cantidad de pasajeros aumentará a todas luces en los próximos diez años.

Las economías “de usar y tirar” del mundo occidental generadas por la lógica del mercado constituyen un desastre medioambiental. La forma en que se utiliza el espacio vital en los países ricos del planeta no puede continuar. El abuso sistemático del medio ambiente por parte de las grandes empresas que tiene lugar en todo el mundo es inaceptable, así como lo es también el actual naturaleza globalizada de la producción de alimentos, que comporta el innecesario transporte de los alimentos a lo largo de miles de kilómetros.

La solución de todos estos despropósitos requerirá cambios importantes en la manera en que las sociedades están estructuradas. Implica cambios radicales en los sistemas de transporte, con una reducción drástica de los niveles de uso del coche y de los trayectos en avión. Conlleva una redefinición radical de las ciudades, pequeñas y grandes, con tal de reducir los gastos energéticos y los desplazamientos innecesarios. Comporta la producción local de los alimentos, una reducción sustancial de la cantidad de kilómetros recorridos por estos productos alimentarios y una revisión en profundidad del de los hipermercados y supermercados. Supone, en fin, una utilización más eficiente del espacio vital con vistas a restringir el consumo de energía.

Ahora bien, todo eso depende de la acción de los gobiernos, que es decisiva. Los cambios reales solo pueden provenir de la acción de los gobiernos, que debe proporcionar el marco donde se puedan dar los cambios necesarios en el estilo de vida que llevamos.

Las naciones en vías de crecimiento

Al mismo tiempo, el desarrollo económico, sobre todo en lo concerniente al surgimiento de China y la India como potencias económicas, significa que, lejos de reducirse, las emisiones de carbono están a punto de subir a niveles más altos aún. Se dice que en China, que no tiene yacimientos de petróleo pero sí grandes reservas de carbón, se pone en funcionamiento una nueva central térmica cada dos semanas, y que hay en construcción 40 nuevas centrales nucleares. Además, dado que el uso del coche se está extendiendo cada vez más, China está buscando mercados petroleros que le garanticen un suministro a largo plazo. Es improbable que naciones emergentes como China acepten limitaciones a su crecimiento y desarrollo mientras los países ricos de Occidente continúen sin mostrarse dispuestos a llevar a cabo cambios significativos.

Si los países del Tercer Mundo quieren evitar la crisis, es necesario que rechacen el modelo de capitalismo globalizado y ultraliberal que se les ofrece. Es en las naciones dependientes de Asia, África y América Latina donde la relación entre las condiciones económicas y la crisis ecológica es más evidente. Allí, como se señalaba en el texto del Congreso Mundial de la Cuarta Internacional: “Más de 800 millones de personas sufren desnutrición, y 40 millones mueren todos los años a causa del hambre y las enfermedades relacionadas con la desnutrición. Casi 2.000 millones de personas no tienen un acceso regular a agua potable, y 25 millones mueren anualmente como consecuencia de eso. 1.500 millones de seres humanos sufren una grave escasez de leña para encender fuego, su única fuente de energía. En estas zonas del mundo hay una grave escasez de leña, agua y combustible, los tres elementos esenciales para la vida de la gente”.

La capacidad de enfrentarse al cambio climático y la crisis ecológica está directamente vinculada al dominio de estos países por parte de la OMC, el FMI, el Banco Mundial y el G8. No pueden hacer frente con eficacia al cambio climático mientras padezcan la fuerte carga de la deuda con los bancos occidentales y los agricultores se encaminen a la bancarrota a causa de la competencia de los agricultores subvencionados. Las reglas neoliberales de la OMC obligan a los mercados locales a abrirse a la competencia internacional bajo condiciones muy injustas, lo cual empeora las condiciones de dependencia, deteriora las condiciones sociales y conlleva un aumento irracional del comercio internacional, incluso de productos alimentarios.

Un tratado internacional

Así pues, el cambio climático es una cuestión tanto política como internacional. La Tierra tiene una sola atmósfera. Mientras las medidas tomadas por un país puedan resultar anuladas por las acciones de otros, lo que contará en última instancia será una solución internacional, y eso es lo que hace que un tratado internacional efectivo sobre el cambio climático, que tome en consideración las condiciones a las que se enfrentan los países del Tercer Mundo, sea tan importante. En las manifestaciones del mes de diciembre pasado se pedía que “toda la comunidad mundial busque tan rápido como sea posible un tratado más exigente sobre la reducción de las emisiones, que sea tan equitativo como efectivo en la estabilización de los gases de efecto invernadero y en la prevención del peligroso cambio climático”. Se trata de una buena demanda en torno a la que construir un movimiento internacional.

Kioto no es la respuesta adecuada. Pide la estabilización de las emisiones de carbono a unos niveles demasiado altos para revertir el calentamiento global, incluso aunque se alcancen estos niveles. No obstante, muchos de los países que firmaron el acuerdo de Kioto incumplen incluso estos objetivos inadecuados. La nación más contaminante del mundo, Estados Unidos, se ha negado a firmar nada en absoluto. Asimismo, buena parte de los mecanismos utilizados para llevar a cabo lo acordado en Kioto, como el del “comercio de emisiones de carbono”, son mecanismos insostenibles basados en el mercado. Para todos nosotros sigue siendo urgente lograr que la firma de un tratado internacional efectivo sobre el cambio climático ocupe un lugar más destacado en la agenda política.

La alternativa a Kioto presentada por el movimiento ecologista radica en la idea de un tratado internacional alternativo basado en la “Contracción y Convergencia” (C&C). La “Contracción” se refiere a la necesidad de reducir las emisiones de CO2 hasta un nivel que permita poner fin al calentamiento global, y que devendría la base para una estimación de las emisiones de carbono, mientras que la “Convergencia” hace referencia a una cuota de emisiones asignada a cada país en función de dicha estimación y del volumen de su población. Desafortunadamente, el C&C comparte con Kioto el principio del “comercio de carbono”, o de “polución a la venta”, como método de funcionamiento. Y tampoco ofrece solución alguna al difícil problema de la aplicación de este proyecto o de su imposición a gobiernos reticentes.

El capitalismo no puede solucionar el problema

El modo de producción capitalista no puede resolver el problema del cambio climático; de hecho, es el que provoca el problema. Como socialistas, desde luego, consideramos que la erradicación del capitalismo y el establecimiento del socialismo son fundamentales en la resolución de la crisis ecológica. No obstante, no podemos aceptar que no se pueda hacer nada mientras siga existiendo el sistema capitalista, ni tampoco que los gobiernos capitalistas no puedan ser obligados, por medio de la presión de masas, a tomar medidas destinadas a proteger el medio ambiente. Sacar una conclusión como esta equivaldría a interpretar mal el potencial movilizador de este tema. Los próximos veinte o treinta años serán cruciales para la crisis ambiental, pero nadie nos garantiza que el socialismo se establecerá como sistema mundial durante ese período. Es necesario, ahora, que hagamos de la cuestión ecológica un punto central de nuestro programa revolucionario y de nuestras perspectivas.

El cambio climático y sus consecuencias serán cruciales en la futura lucha por el socialismo. Las guerras y conflictos por los recursos energéticos son parte consustancial del proceso de cambio climático. Habrá guerras por el petróleo, el agua y el gas. Los movimientos de población que huyan de la desertización o las inundaciones tendrán problemas con los controles nacionales de inmigración y se deberán enfrentar a la furia de la policía y de los servicios de inmigración. La ONU calcula que unos 50 millones de personas son “refugiados medioambientales”, forzados a abandonar sus regiones de origen como consecuencia de la sequía, las inundaciones, la erosión de los suelos y la extensión de la agricultura orientada a la exportación. Los gobiernos utilizarán medidas represivas para hacer frente a estos procesos. Estos son los temas alrededor de los cuales se basará la lucha por el socialismo.

Apoyamos las siguientes demandas:

- Acciones de emergencia para reducir el uso de carburantes fósiles y un fuerte aumento de las inversiones dirigidas a las energías sostenibles, incluidas la energía solar, el biocombustible y las energías eólica y de las mareas; apoyo gubernamental a los estilos de vida energéticamente más eficientes. Los países ricos deben tomar la iniciativa de estas acciones y los países pobres deben adoptar formas de desarrollo diferentes, menos basadas en la emisión de bióxido de carbono.

- Medidas taxativas contra las empresas contaminantes; un control estricto de todas las formas de contaminación industrial.

- Un tratado internacional que vaya mucho más allá de Kioto en el control de las emisiones de bióxido de carbono.

- Acciones mundiales dirigidas a permitir que los países del Tercer Mundo gocen de un desarrollo sostenible, incluidas la cancelación de la deuda externa y la finalización de la subvención de la agricultura occidental.

- Fin de la destrucción de las selvas tropicales, defensa de la biodiversidad y programas masivos de reforestación.

- Restricción de las actividades que no sean esenciales para el bienestar humano, como los sectores de la publicidad, de la mercadotecnia, de las armas y muchos otros.

- Un plan internacional respecto al uso del agua; medidas para hacer frente al problema, cada vez más grave, de las sequías y las inundaciones.

- Socialización de las empresas que controlan el petróleo, el gas, el carbón y las aguas.

- Rediseñar las ciudades para mejorar el medio ambiente y reducir el consumo energético: emplazar las instalaciones públicas a distancias razonables, erradicación del hábito de comprar en grandes superficies fuera de la ciudad y priorizar las zonas destinadas a los peatones y las bicicletas.

- Fomentar el cultivo local de los alimentos para reducir la cantidad de kilómetros que deben recorrer y medidas para proteger los pequeños productores; socialización de los principales supermercados e hipermercados.

- Sistemas de transporte baratos e integrados que proporcionen una alternativa real al automóvil privado, incluso en las zonas rurales; socialización de los medios de transporte (compañías de autobuses, ferrocarriles y aviones).

- Fin de los programas de construcción de carreteras, en especial en los países desarrollados, excepto allí donde estos programas den lugar a un menor consumo de combustible y no conduzcan a un aumento del número de coches en circulación; priorizar la investigación en el ámbito de los vehículos no contaminantes.

- Fin de la expansión de los aeropuertos, de la construcción de nuevas autopistas y de los beneficios fiscales del combustible de aviación.

- Incremento de las inversiones públicas en viviendas y edificios públicos energéticamente eficientes; las nuevas viviendas no deben incentivar el incremento de las emisiones de carbono.

- Instalaciones de alta calidad para maximizar el reciclaje; erradicación de las incineradoras.

- ¡Basta de energía nuclear! Nos oponemos a la energía nuclear y a todos los intentos de presentarla como una alternativa limpia y segura a los combustibles fósiles.

- Prohibición de la exportación e importación de residuos nucleares y su tratamiento en países del Tercer Mundo.


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